Estudiantes de arquitectura: esa otra forma de mirar

Anteriormente a Gran Hermano o al invento de los paparazzi, ya existía un caso muy particular de este llamado voyeurismo. Un colectivo que acampaba en la puerta de algunas casas y se dedicaba a hacer fotos sin parar. A veces, incluso se atrevían a llamar a la puerta, para pedir permiso para entrar, para acceder a su propiedad privada y a su intimidad. Éstos eran los estudiantes de arquitectura.

Como todo lo que hemos aprendido en la carrera, no lo útil, sino lo que nos vuelve maniáticos, exigentes, minimalistas, bichos raros, en una palabra, especiales, todo queda hasta los taitantos. Y así me vi la semana pasada, paseando por la colonia Weissenhof, en Stuttgart, fotografiando con la boca abierta (y mira que ha pasado el tiempo) los edificios de colegas como Le Corbusier o Mies van der Rohe. Esta colonia se construyó en 1927 de manera experimental y se invitó a los grandes arquitectos del momento a participar con sus nuevos conceptos de viviendas. No quiero aburrir, la cuestión es que hoy en día, sólo es visitable una de las 33 viviendas que se hicieron, convertida en museo, afortunadamente de Le Corbusier. Si bien, el resto, sólo pueden ser vistas por fuera, pues están habitadas por gente. Lógico. Era la idea.

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Modo de empleo de flyer de Taller de Palabras

Es posible que vea a unos chicos y chicas estos días, todos guapos, repartiendo unos flyers en la puerta del colegio o instituto de sus hijos. A continuacion se desglosan las instrucciones, por si se da el caso.

1. En primer lugar, coja el flyer u hojilla publicitaria. Es posible que estos chicos repartidores de flyers de Taller de Palabras (en adelante RFTdP) le sonrían, le den las gracias y para que no se haga un incómodo silencio mientras uno ofrece y el otro recoge, consigan decir un “toma, a ver si te interesa una cosita”. Con el diminutivo para robar el cariño incluido.

2. Observe que por la parte de atrás está en blanco, con lo que, aunque aún no vaya a leerla, por deferencia hacia ellos, manténgala con la cara impresa boca arriba. Al menos hasta que haya pasado por su lado o hasta que se haya agotado el gran angular de su campo de visión.

  • En este punto es importante resaltar, que no conviene que siga su camino por el mismo lugar pero en sentido opuesto al que el RFTdP va a seguir. A veces es un poquito molesto que choquen los hombros y que incluso tengan que recorrer unos pasos atrás por la inercia. Atienda a que algunos de los RFTdP son modelo tirillas.

3. Haga una rápida lectura y diferencie las distintas partes del folleto por la composición, las tipografías, los colores e imágenes que lo ilustran. Quédese con una sensación general, con un buen sabor de boca tras haber visto las manchas de color y  los blancos estratégicamente repartidos como lugar de reflexion de los mensajes en letras grandes.

4. Si aún no ha salido su hijo, y dadas las fechas y el clima en que se reparten estos flyers, abaníquese con él. No sea tímido, no tenga corte, Taller de Palabras (en adelante TdP) ha encargado las hojillas en un papel de 170 gr para que pueda hacerlo. Siempre pensamos en la reutilización como parte del ciclo de vida de nuestros productos.

  • Si eres mayor, y no van tus padres a recogerte, puede aplicarse todo lo anterior, salvo que en este punto, puedes simultanear el abanicado, movimiento de extremidad superior de izquierda a derecha, con el de andar hacia casa, movimiento de extremidad inferior de atrás hacia delante. Es recomendable llevar una mochila o bolsa e bandolera para poder hacer todo esto.
  • Si fuma, porque todos sabemos que ya tiene la edad para hacerlo, desde TdP, ademas de recomendarle que cuide su salud y que mens sana in corpore sano, le recomendamos que no convivan en la misma mano el flyer y el cigarro. Y que si lo hacen, que no se abanique.

5. Una vez que ya ha salido su hijo, recuerde no besarlo en publico, guarde ese momento para la intimidad de casa, y si quiere y ya ha leído de qué trata la hojilla, los talleres para jóvenes de verano, puede comentárselo para conocer su opinión y disponibilidad. Si no lo ha leído a fondo, déselo a su hijo, desde TdP siempre recomendamos fomentar la lectura en los más pequeños, aunque a veces, es imprescindible hacerlo con el ejemplo.

  • Caminen juntos y hablen. Hablar con sus hijos es una buena costumbre. Con la hojilla que le dan los RFTdP le estamos sugiriendo diversos temas de conversación: cine, libros, debates, cómics. Aprovéchelo, acérquese a su hijo culturalmente.

6. Cuando llegue a casa, coméntelo con quien crea conveniente y deposite el flyer, cercano al teléfono fijo (o a la base en caso de ser un inalámbrico), para llamar “esta misma tarde, cuando sea una hora más prudentita” y preguntar todos los detalles: cuándo empezamos.

7. Si de momento lo pensará un poco, péguelo con un imán a la nevera o en un último caso, utiice la cara que desde TdP hemos dejado en blanco para tal efecto. Haga listas, apunte teléfonos, páginas web que visitar, libros que recomendar, escriba notas a su pareja para cuando se despierte o haga aviones con mensajes secretos para sus hijos más pequeños. Desde TdP, creemos en las 5R de los objetos: reutilice.

8. Si se da el caso poco probable de que no le interese en absoluto, pero ha tenido la gran idea de no tirarlo al suelo justo en la puerta del centro, ni hacerlo añicos y repartirlos hasta casa cual Pulgarcito, por favor, tírelo al contenedor azul. El planeta se lo agradecerá.

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De mudanza, parte 1

Hace algún tiempo que tengo el blog. A veces, escribo mucho, a veces poco. A veces lo visitáis mucho, a veces poco. Pero en cualquier caso, he decidido meterme en obras, en reformas, en mudanzas. Hacer algunas mejoras. Sé que esto fastidia algunos enlaces, RSS, etc., y os pido disculpas por ello, pero había algunas razones de peso:

 

Deformación profesional: hay que perseguir el espacio ideal, hay que mutar. Y además, el cambio a uno flexible donde se pueda distribuir ajustándose a las necesidades de uno mismo.

Coherencia profesional: acabo de terminar un manual de WordPress para blogs y webs, así que, no me parecía correcto no predicar con el ejemplo.

Mes de los caracoles: mayo, además de ser el mes de las flores y de las vírgenes, también es el mes de los caracoles. Con un poquito de abril y un poquito de junio. Así que, aquí está mi ofrenda a mi caracol: una nueva caracola que habitar. Un cuarto propio, un dominio.

Porque llegan tiempos de mudanzas: mejor que vaya empezando a empacar el caracol. Se aceptan cajas de cartón.

¿Os venís? Nos vemos en http://caracolesenlavilla.com/, si ya me estáis leyendo aquí, poneos cómodos, disfrutad de la nueva decoración, distribución de espacios, acabados y calidades. Sí, sigo estando en fase blanca.

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Las señoritas de Internet: Anna, Irene y la sin nombre

Es desconcertante. Hasta ahora, conocía a algunas, pero sin duda con la que más relación tenía, era con Anna. Anna es una chica que viste corporativamente en azul y amarillo y a la que puedes preguntar todos los nombres suecos raros de muebles que se te ocurran. Sí, en la página principal de Ikea, y en ventana emergente después, se desvive con su sonrisa de oreja a oreja por llevarte a los sitios que realmente quieres visitar. “Esto será para todos aquellos que se quejan de no encontrar nada en Ikea, que siempre están protestando”, pensé cuando la vi por primera vez. Pero luego me di cuenta que no sólo era en esa tienda ya que conocí a otra chica, a la sin nombre. Por cierto, un punto negativo (más), para el SAE porque la chica no se presenta, no dice su nombre, se dirige a nosotros con mucho lenguaje corporal, pero se olvida lo más importante: ¿Y esos recursos humanos y relaciones sociales básicas? En fin, pero tú tienes que poner tu nombre y hasta tu número de zapato si te descuidas en todos los papeles. Reconduzcamos.
Pues bien, la sin nombre está ahí mirándote de reojo. Sí, si te fijas, ves cómo te mira estando de perfil, con su peinado moderno y su camisa siempre verde corporativo. Tiene un botón grande de play, en el cual pulsas y empieza a decirte que realmente, tienes que estar registrado en la web del SAE y buscar ofertas, y que es fácil, pero si no le das: te mira de reojo. Se desespera y te mira de frente, se apoya con los codos. Se vuelve a poner de perfil y te mira otra vez de ladillo. Y puedes verlo en bucle durante horas. La diferencia con la anterior, es que esta señorita no te ayuda especialmente. Te dice por qué “Hay que estar aquí” (título de la página de búsqueda de empleo) y mira las opciones que puedes elegir a la derecha. Aunque realmente te está mirando de reojo por si le das o no a alguna.
Y estas eran las dos señoritas de Internet que conocía. Pero hoy, sin intención de compra por supuesto, he entrado en la web de RENFE, y me he encontrado a una nueva señorita: Irene. Si Anna era de dibujitos animados, pero evidentes, y la sin nombre era una chica real a la que espero que hayan hecho un contrato decente para estar ahí, Irene da grima. No sé si han querido hacer un híbrido de Final Fantasy (no me hagáis mucho caso, que no sé mucho de eso) o no querían que pareciera de mentira, la cosa es que la señorita Irene asusta. A veces se le pierde la mirada. Una mirada que parece que lleva lentillas de tigre o algo. Si mueves el ratón, lo sigue. Como un gato con una pelota. Cuando mira para arriba creo que busca a algún pájaro que esté en las buganvillas de atrás. La cosa es que si pones una palabra, como hacías con Anna, te dice algo como: “Recuerde no soy un buscador. Trate de hablarme normal”. ¿Trate de hablarme normal? Debo haber entrado en un mundo paralelo sin darme cuenta, estaría la baliza del peaje levantada.
En fin, sé que las tentaciones son muy grandes: escribirle palabrotas a Anna, cerrar la ventana cuando la sin nombre esté llegando a la parte de “Así de fácil” o hacer círculos alrededor de la nariz de Irene, para que lo siga con los ojos en órbita a lo Maruja Díaz, pero más raro. Pero no, esas no son sus funciones básicas. Creo.
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Bluff

Era una buena idea. Era una de esas comparaciones que me gusta hacer, en paralelo, de cosas que nada tienen que ver. Era divertida, creo que sí. Bueno, igual lo estoy desvirtuando, o más bien, engrandeciendo y no era ni comparación, ni buena, ni os haría reír. Ni siquiera a mí. Y es que llevo dos semanas con un post en la cabeza que va y que viene. Por alguna razón anoto muchas cosas a lo largo del día, y hago miles de listas que nunca acabo de tachar completamente… pero con este, que sé que era una idea medioqué, trato de probarme a mí misma y a mi memoria. A veces, ocurre algo, sé que es un sitio al que voy mucho o al que planeo ir, algo cotidiano que hago a menudo, algún pensamiento recurrente que pasa por la mente a la misma hora cada tres días, en fin, algo con lo que se me enciende la bombilla. Y pienso: “¡Bien! Me acordé”. Y en vez de sacar la libreta rayada verde A7, con pastas en pseudopiel y gomilla, que la mantiene cerrada a ella y encerrados a todos los cachitos de papel con listas que habitan en su interior, pienso: “Esta vez me acordaré”. Y ocupo mi mente en llegar a ese sitio, en hacer lo que tenía entre manos, a enlazar dicho pensamiento con otro recurrente… a apagar la bombilla en definitiva. Y hace bluff. Y pienso: “No puede ser. ¿De qué quería escribir yo?”. Y me angustio por la mala memoria, y me ofusco por mi falta de atención hacia mis propios pensamientos (qué no haré con los de los demás). Y me enervo y menos me acuerdo. Y otra vez no publico nada, no puedo saltármelo. Y apago el ordenad…
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La cuerda

 

A veces me pregunto qué siente un pollito de esos feos, que tienen una manecilla en las patas y que andan deprisa cuando alguien les da vueltas.

Entré en Imaginarium últimamente -para adquirir un nuevo Manolito, alguien ha llegado a la familia- y vi lo más feo que había en la tienda. Posiblemente lo único feo. Un pollo con pelo (pelusa, lo que sea), con una de esas manecillas. No era muy caro, normal. ¿Quién lo va a querer? Posiblemente lleve mucho tiempo en stock. Posiblemente sea un pollo prehistórico.

Pero no quiero referirme a lo que siente por ser feo y estar en stock perpetuo. Tampoco me refiero a qué siente cuando alguien da vueltas a su manilla -o peor, lo hace modo bruto on y le da vueltas al pollo mientras sostiene fija la manilla-, con todas su fuerzas, hasta llegar a su tope, y lo pone sobre una superficie lisa -los más afortunados- y tienen que empezar a andar rápidamente. Pata-tras-pata. Pata-tras-pata. Pata-tras-pata. Pollo loco. Y escucha risas. Tampoco me refiero a eso.

Me refiero a qué siente un pollo cuando ya se le acaba la cuerda. Cuando da esos últimos pasos, pata tras pata, pata tras pata, y son tediosos. Cuando en vez de un movimiento seco de ida y vuelta de la pata rígida, es el trazado de un círculo de radio infinito alrededor del punto fijo de anclaje, y escucha risas a cámara lenta, amplificadas, como en balleno. Eso es lo que quiero saber cómo se siente. Nunca sabe cuándo parará y si lo hará estoica y elegantemente, con las dos patas en su sitio, o si le tocará dejar una de ellas a la virulé y ya nunca más poder estar en equilibrio por sí mismo. Es la pérdida de dignidad del pollo feo (segunda parte).

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