Historias de la crisis (I): fondos de armario

Por el título podéis pensar que me refiero a que en época de crisis, se compra menos ropa y por tanto se tira más de eso que convencionalmente y en determinados entornos se llama fondo de armario. Cada fondo en proporción al armario correspondiente. Pero no, me estoy refiriendo al fondo de los armarios de la cocina. Al fondo de la despensa, al de la limpieza y si me permitís asemejarlo a un armario, al congelador.

Supongo que como todo lo cíclico, la crisis económica también tiene un por qué. Por ironizar un poco creo que las crisis que se repiten cada determinado tiempo ayudan a sanear las provisiones. Normalmente, en época de vacas normales y no digamos ya en época de vacas fondonas y gorduelas, se compra de más. Se compran más latas de atún de las que realmente somos capaces de consumir. Más latas de tomate, de maíz, de champiñones, de caballas (las prefiero a las sardinas, aunque sería más gráfica esta última), todo tipo de conservas. Hasta de guisantes, si es que alguna vez pensaste en echarle guisantes a algo.

En el armario de la limpieza empiezas a vislumbrar con el modo no reposición de vacas flacas aquél líquido que usaste una vez pero con el que nunca más quisiste agredir a tus muebles, aquellos dos recambios de fregona sin abrir o los paquetes de bayetas esto-siempre-viene-bien. Y no digamos el congelador. Podríamos tener criogenizado a Walt Disney y no acordarnos. El fondo de armario de los cajones frost o no frost del congelador son infinitos. Una bolsita azul de congelación en la que olvidaste escribir qué guardabas y ahora, con el tiempo, no eres capaz de distinguir un pollo de una ternera, menestras y ensaladillas de cuando te proponías a principio de año comer más verdura y de cuando hacías estofados con cariño, lomos de merluza que nunga falten y una cantidad ingente de palitos de cangrejo para el salpicón para el que siempre te olvidabas los tomates. Ah, y guisantes congelados también. ¿Cuándo he comido yo tantos guisantes?

Pues eso, las crisis ponen de moda fondos de armario ochenteros y sanean nuestras costumbres nutritivas porque renovamos todas las provisiones… ¡si al final va a ser que también tienen cosas buenas!.

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3 Responses to Historias de la crisis (I): fondos de armario

  1. Capitán Nadie says:

    Te entiendo.
    Creo que tuvimos unos mejillones en el congelador unos cuatro años. No es broma; y eso, mira que a propósito, es la punta del iceberg ^_^

  2. Javier Márquez Sánchez says:

    Oye, pero tiene su encanto. Es como ir de exploración al Polo Norte. Picas el hielo, apartas la nieve, y encuentras algo que igual acaba rugiendo… jeje

  3. Tantaria says:

    Ostras. Yo convivo con unos guisantes desde que me mudé. Ya son de la familia, me da pena comérmelos.