Sinfonía en do menor

Al final se va a merecer un post y todo. Se oye por la ventana cada mediodía, cada tarde y cada noche una melodía intensa e interminable. Por la ventana, por el shunt del cuarto de baño y por el pasillo. Un no parar, repeticiones y más repeticiones de las mismas notas desafinadas de Los niños del coro, el Himno de Andalucía o Titanic. Y pensaréis: pues no estará tan desafinado que lo reconoces… mejor no hablemos. A fuerza de escuchar una y otra vez, uno ya cae.
Me he acostumbrado e intento canalizar la música, pensar. Pero sólo consigo tener pensamientos acordes (nunca mejor dicho) con lo que escucho, claro. Imagino dedos más o menos pequeños o gordinflones que no consiguen tapar los agujeros de la flauta completamente, cuando tocan que sean tapados, y que tampoco los destapan del todo cuando tocan ser destapados. Para qué nos vamos a engañar, suena a gato pisado. Y hablando de gatos, también con esta inspiración, mi mente viaja a Hammelin, y pienso en su flautista y sus ratas y espero que con las primeras lluvias otoñales, el cambio climático y el niño que no duerme, no decidan pasearse por una calle oscura por donde yo cruce. También se me ocurre pensar que quizás, y con esto los más puristas se me van a echar encima, Mozart o Beethoven de pequeños cansaban a sus vecinos con un amago de sonata 11 K331 o de septeto para cuerda y viento opus 20, con el clavicordio o el piano respectivamente. Esta música no me relaja.

De todos modos, estos pensamientos recurrentes de cada noche parecían haber cesado desde el lunes… pero no, sólo ha sido un cambio de registro: ahora hace como que canta, más bien vocifera. Se pasea por la casa entonando con voz de padre una cancioncilla que se te mete en el tímpano que dice algo como: tenía taaaaaaaaanto que darte, taaaaaaaaaantas cosas que contarteeeeeeeeeee… y no sé más, porque él no se sabe más y siempre repite eso. Ahora he llegado a casa y lo primero que me ha parecido escuchar es Sevilla tiene un color especiaaaaaaaaaal. Me debato en mis preferencias.

No sé, yo de pequeña tenía días malos, días intensos, días de no soportarme, pero eso, días… ¿cómo viven en esa casa con esas mescolanzas musicales continuas y ese no parar artístico del niño?

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5 Responses to Sinfonía en do menor

  1. Tantaria says:

    ¡Bueno, hay que aguantar a los vecinos y sobrevivirlos!Un besote

  2. Ico says:

    Te comprendo yo hay días que no me soporto ni a mi misma.. luego le echo la culpa a las hormonas..

  3. María José says:

    Uf! Es que Nena Daconte te entra por las orejas y no te puedes despegar de la canción en un mes. He llegado a tener instintos suicidas por no podérmela quitar de la cabeza yo misma. Que la cante otro tiene que ser muuuuuucho peor aún.

    Ánimo, lo vas a necesitar. :*

  4. Javier Márquez Sánchez says:

    Yo no sé cómo viven en esa casa con la flautita de marras, pero uno de estos días se me van a hinchar las narices, me voy a liar la manta a la cabeza y voy a organizar la de Agustina de Aragón.

  5. sempiterna says:

    Jajaja, pero te vestirás de Agustina antes de ir a llamar a su puerta?