"El mapa del tiempo" de Félix J. Palma

Hace unas seiscientas páginas empecé el mapa del tiempo. Esta vez, la contraportada me ofrecía un relato que hilaba con una temática que me resultaba familiar. No es que sea muy docta en Jack el destripador ni en máquinas del tiempo, pero desde pequeña me antojé por una película que no he vuelto a ver: Los pasajeros del tiempo, que seguramente tendré idealizada tal y como pasa con estas cosas, pero este relato empezaba en un punto de partida con esos ingredientes, así que, decidí lanzarme a ese vasto libro de pasta dura.

Al poco tiempo de empezar a leer ya tomé contacto con el carácter literario de Félix J. Palma, al cual no había leído anteriormente y al cual leeré a partir de ahora tanto como pueda. Félix se permite saltarse las reglas del tiempo o del espacio justificándose en una conversación directa con el lector. Cuando estás tan tranquilo leyendo sobre una época, sobre unos acontecimientos, de pronto, el autor levanta la voz, se pone en pie, te mira, te señala y te dice: y ahora me dirijo a ti mientras dejamos que la trama vaya sucediendo en tiempo real. Es por ganar tiempo. De esta original forma, va enlazando las distintas ideas y los distintos emplazamientos o personajes, introduciéndonoslos en estas elipsis espacio-temporales.

Otra cuestión formal que me llamó la atención desde el principio es hacer partícipe al lector del estilo literario, o más bien, de la teoría literaria. Si bien nos está contando algo en un determinado tiempo verbal o bien en una determinada persona narrativa, lo cambia advirtiéndonos de que lo hará y de las razones por la que lo hace. De esta forma, el lector se convierte en parte de esa historia. Ya no importan las seiscientas páginas prejuiciosas a priori porque formas parte del libro. Cuenta contigo para seguir.

La interactividad del libro va más allá de conceptos formales. La historia lo es. Realmente, no me considero muy inteligente, pero tampoco pensé en tener tanta dificultad de esclarecer las tramas, de poner en orden el presente, pasado y futuro, de saber qué ocurre cuando se realiza un viaje en el tiempo y se cambia algo. Son una serie de reglas no escritas de los saltos espaciales y de los universos paralelos que a priori conozco a nivel de usuario (por decir un nivel básico, pero no que los use), y que me ha costado seguir, pero al mismo tiempo generándome una intriga importante por entender las vueltas que estaba dando la historia.

La narración comienza en Londres, en 1896. El interés por la ciencia va más allá y el hombre cree que puede conseguir lo imposible, viajar en el tiempo. La empresa de Viajes Temporales Murray ofrece estas expediciones al año 2000 a un precio asequible para pocos bolsillos y en ella concurren diversos personajes con intereses y fines distintos. Por un lado hay quien quiere viajar al pasado, Andrew Harrington, para cambiar un asesinato que no debía haber ocurrido, la muerte de una prostituta de quien estaba enamorado, a manos de Jack el destripador. Por otro lado hay una historia de amor con un personaje del futuro por parte de Claire Haggerty que cree que por su forma de pensar no pertenece ni ella misma a su tiempo. En la historia aparecerá H.G. Wells como escritor de la novela La máquina del tiempo, que posiblemente despertó este interés de la sociedad por esos viajes temporales. Todas estas historias convergerán en una trepidante trama en la que además se describirán parajes del Londres de la época y de otros emplazamientos más o menos bucólicos. Todos los personajes estarán inmersos en una reflexión sobre si se puede o no cambiar el pasado o el futuro.

En los propios agradecimientos del libro, el autor habla de que se le antojaba como un laberinto mientras escribía. Sin duda, esa sensación ha conseguido plasmarla en el lector, si bien, sólo hay que leerla, mientras él tenía que construirla. Con grandes dotes ha mantenido varias tramas, con incursiones de unas en otras, con convergencias en las historias de modo que no te olvidas de ningún personaje ni de ningún pasaje. Está claro que lleva un proceso documental importante, en cuanto a historia, a leyendas (llamémoslas no demasiado correctamente urbanas) y a una gran dosis de imaginación. Las fechas, hacer coincidir las edades, los viajes en el tiempo, los acontecimientos y el gran baile de personajes conocidos que pasan por ella ha exigido con toda seguridad de una gran labor de hilvanado de todos los elementos del que ha resultado un perfecto conjunto sin resquicios. O si los había, quedan perfectamente pulidos dentro del género que llamamos ciencia-ficción o que antes se llamara romanticismo científico.

Quizás pueda parecer que convergen demasiados datos, demasiados personajes y que se antojan, por tanto, demasiadas coincidencias, pero está tan bien colocado todo, tan cohesionado que llega a tener sentido y a veces dudas si ciertos episodios se dieron en realidad o determinadas personas llegarían a conocerse.

La verdad es que es una novela desafiante como pocas. Es una lectura dinámica y entretenida. Te mantiene alerta, muy atento, muy enganchado y de pronto te engaña. Te dice que te ha engañado y te dejas llevar de nuevo hasta que te engaña otra vez. Asistes atónito como un niño a esta suerte de carrera de fondo con obstáculos. Muchas tramas que se entrelazan formando una interesante madeja, trazando lo que sin duda es el mapa del tiempo.

This entry was posted in libros. Bookmark the permalink.

Comments are closed.