La empanadilla vacía y la música corporativa de mercadona

En un cerebro como una olla exprés, llegando a un final de mes agotador y empezando uno nuevo, tal vez prometedor, se ha quedado a vivir un himno de una sola palabra, corporativa para más INRI. El creador de la susodicha melodía ha cumplido su misión, porque pienso que no será a mí sola a la que le ocurra. Mercadooooooona, mercadonaaaaaaaaaaaaaa auuuuuuuuuu.
Sin avisar y sin maletas, ha venido para quedarse. Cuando desconecto las neuronas o cuando las pongo a trabajar en algo de mayor precisión… de pronto, cual prisionero iluso, pasa de puntillas la cancioncilla taladradora de tímpanos, martillos y cerebros: mercadooooooona, mercadonaaaaaaaaaaaaaa auuuuuuuuuu.

Está claro, debió meterse en el maletero en la última compra. Ayer. Poca cosa, reseñable únicamente un paquete de miniempanadillas de atún, cosa que no había comprado antes, pues soy fiel a las empanadillas caseras cerradas a tenedor de mi madre, con rebañadito y degustación de relleno sobrante. No sé por qué hice eso, pero las compré. Bueno, la cuestión, una vez ya en el maletero, la innombrable enredaría entre las bolsas (de plástico me temo, no llevaba la ecobolsa, otro error) y eligió esconderse en algún sitio seguro y fresco. Ahí quedó la cosa.

Pero hoy, al mediodía, tras ser infiel a mi madre y a sus delicatessen al comerme la sexta miniempanadilla de atún, comprobé que pesaba menos de lo que esperaba y que no quemaba tanto como sus clonadas compañeras de castigo, cosa que terminé de entender al morderla y ver que estaba vacía. ¡Una miniempanadilla rellena vacía!. Independientemente de ser una equivocación, despiste, gracieta, juego de palabras o timo, esa empanadilla quería decirme algo, pensé. Su forma se asemejaba a las de las galletas de la suerte con mensajito dentro, y he estado media tarde preguntándome si ese minicongelado de marca blanca querría transmitirme alguna sabiduría o darme algún consejo o mensaje cifrado. Pero de pronto se me ha encendido la bombilla, y al escuchar por enésima vez en la tarde mercadooooooona, mercadonaaaaaaaaaaaaaa auuuuuuuuuu, me he dado cuenta que no era sino otro intento de publicidad innovadora, una buena campaña de márketing, de las que dejan huella. Una publicidad directa al subconsciente pasando momentáneamente por el paladar: empanadillas rellenas de melodías corporativas.

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5 Responses to La empanadilla vacía y la música corporativa de mercadona

  1. Teo Palacios says:

    Jajajajajaja

    Tienes momentos de genialidad, Sempi… en serio.

    Besos!

  2. Cathan Dursselev says:

    Eso te ocurre por traicionar a las empanadillas maternas…

    jajajaja…

  3. Violeta says:

    Jajajajajajajaja, ainsss, ainss, ajajajajjaja.

    Eres única!!!!!

    Besooooooooooos

  4. Ico says:

    la verdad que la jodida musiquilla se te mete de lo pegadiza que es .. la he estado oyendo todo el tiempo que te leía.. que horror¡¡

  5. sempiterna says:

    Jajaja, la música se pega un montón, Ico. Esta mañana, me la han recordado y ya otra vez, el día entero…

    Gracias Vio y Teo. Y sí Cathan, me lo tengo merecidísimo.

    Besos a todos.