El caballo encajado en mi pasillo

Una conversación derivada de una conversación derivada, esto es, derivada segunda, nos obligó a tener una imagen mental anoche: un caballo blanco encajado en el pasillo de protección oficial de mi casa, a la altura de las costillas, tangente por la más exterior de todas (la central si se mira al caballo desde arriba, desde el halógeno). Las costillas encasquilladas y el gotelé clavándose en el pelo cortísimo y basto del caballo. Quisimos ponerle lunares modo Pipi Lamstrung, pero no fue posible añadir mucho más a la imagen hermética y primigenia que nos habíamos formado.

La vida del caballo sería de un sólo sentido. Posiblemente el de ida, porque tal y como entras por la puerta y atraviesas la entrada, es como quedaría al pasar. Si quisiéramos que fuese de vuelta, tendría que haber pasado por la primera puerta del salón, y haber salido por la segunda puerta, donde posiblemente el giro es más complicado para ir a cuatro patas. Así que no hay modo de verlo de otra manera. Caballo de ida.

Para acariciarle la crin, darle zanahorias (naranja intenso, como en los dibujos animados) y ver cómo se hinchan sus fosas nasales cuando los niños vecinos benditos juegan a dar balonazos contra la pared del pasillo, habría que ir por la zona de noche del piso: segunda puerta de salón y dormitorios. Para peinarle la cola y ver cómo espanta moscas inexistentes pero que afirma le molestan (moscas psicológicas), por la zona de día: cocina y primera puerta de salón. El baño del pasillo queda inutilizado por encontrarse el lomo del susodicho centrado perfectamente con respecto a la puerta de acceso (aunque siempre se podría hacer un alarde de gimnasta de potro y llegar hasta él con un doble tirabuzón invertido).

Realmente, si un agente inmobiliario enseñase la vivienda, y no variase su tono de voz, quedaría perfectamente accesible e integrado todo. Simplemente tendrían que añadir: esta tipología de vivienda, la C, con ventanas al patio de manzana, tiene rejilla para shunt en el pasillo obligada por normativa y caballo albino de ojos pigmentados en azul pizarra, dócil e inteligente.

No habría secretos en esta casa, pues su oído es sensiblemente bueno. Si hay una discusión se puede estar de un lado o del otro del caballo. Sería el perfecto animal de compañía y si pudiera salir, podríamos ahorrarnos la plaza de garaje, ya que aunque abajo tenemos noventa, preferimos al de arriba, que da calor al pesebre del portal de Belén en Navidad. Suerte que la cabeza cae de parte del baño en el que tenemos los cepillos de dientes eléctricos, si no, sería muy cansino hacer la misma operación al caballo tres veces al día. A veces le sacamos la televisión por la segunda puerta del salón, la radio indistintamente por cualquiera de las dos, y le ponemos programas de cocina que mira con atención. Hemos tenido que comprarle una almohada que le sacamos por las noches para que no ronque y moleste a los vecinos, que en esta casa, los pasillos son de papel.

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5 Responses to El caballo encajado en mi pasillo

  1. Ico says:

    Genial relato al mejor estilo cortaziano…saludos..

  2. sempiterna says:

    Gracias, Ico. Besillos veraniegos

  3. TARA says:

    Buen relato, muy subrealista… Tengo que volver a leerlo. Supongo que va encaminado a los claustrofobicos espacios en los que vivimos que llamamos casas. (Aunque no es mi caso)Besos

  4. sempiterna says:

    Gracias, Tara. Si te digo la verdad no iba encaminado a nada en concreto. Fue una imagen extraña que nació de un: “como no me dejas tener perro, tendré un caballo como mascota”, a lo que mi respuesta fue, verlo encajado en el pasillo de mi vivienda… un besito. Gracias por pasarte!!

  5. Javier Márquez Sánchez says:

    Me encanta este comentario/relato/reflexión. Ya lo leí antes de que fuera publicado y ha vuelto a producirme el mismo efecto. Su entrañable planteamiento me ha hecho sonreír y me ha emocionado el incontenible talento que destila.