Verano porcentual

Tengo sed. Me levanto a la cocina. Ando descalza sobre la fresca piedra natural del suelo, otrora fría. Lleno un vaso dos tercios de agua del frigorífico y remato la última mitad del tercio, esto es un sexto, con agua del grifo, corriente y moliente, y el otro sexto, que hace tercio, que hace lleno total, vacío. Para el trayecto, para no verter, para decantar. Es otra de esas noches de verano.

El verano es esa época del año de los porcentajes, de las fracciones. Para empezar, es doce de julio y se supone que el cincuenta por ciento de los trabajadores estarán de vacaciones, y el cien por cien de los niños, pese a las malas notas y al hábito imposible de adquirir del estudio estival. Haces zapping, y las parrillas deben estar a un diez por ciento de rendimiento, todos los programas pintan ser repeticiones y reposiciones veraniegas. Las calles están la mitad de vacías, como poco, y el garaje y la piscina al cuarenta por ciento de ocupación vecinal. En agosto volverán a oscilar los pocentajes. Cuando duermes, descansas un veinte por ciento menos. Un treinta el día que cenas copioso y tienes pesadillas. Las ganas de ir a trabajar, también disminuyen, sobre todo al pensar en la salida a las tres y el paseo a cuarenta grados hasta el coche.

En general, estás el doble de cansado, quieres dormir entre horas tres o cuatro veces más de lo que acostumbras y bebes como el triple de agua que el resto del año. Y aunque las matemáticas son al cien por cien aplicables a la vida cotidiana, afortunadamente el verano es sólo una cuarta parte del año.

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One Response to Verano porcentual

  1. Arwen Anne says:

    me acabo de liar con tantas fracciones, pero mira, me lo leo otra vez que me ha gustado

    besos