El despropósito tecnológico

Hoy diré estas cosas, pero sin que sirvan de precedente. Yo, amante de la tecnología, soñadora de ipods, apples, notebooks, iphones, pdas, blackberries y tomtones. Yo, antes muerta que sin adsl, tarifa plana, transferencias electrónicas, presentaciones telemáticas e interneteverywhere. Yo, fiel seguidora de wikipedia, google calendar, la rae en internet, el facebook y los blogs. Yo, ayer maldije la era tecnológica.

Quiero pensar que fue por culpa de Murphy. Murphy, ya sabéis, ese señor que hace que todo se ponga más adverso cuando ya es adverso. Me quedé sin batería en el teléfono móvil justo en medio de una conversación para quedar en la que podría ser que se quedara o podría ser que no dado un atasco que sufríamos cada uno de los interlocutores en dos lugares separados pero íntimamente unidos en el sufrimiento común del inicio de rebajas. Lo primero que me vino a la mente, después de descartar volver a encenderlo sin apenas llegar a meter el pin antes de escuchar de nuevo la nefasta música, y de una importante lista de palabras malsonantes, fue esa indicación que por estas fechas daban los profesores de gimnasia de mi colegio: si te pierdes en la playa o si te pierdes en la calle, párate que ya vendrán a buscarte. En fin, que opté por inclinar la balanza de la indecisa conversación a irme a la puerta del lugar donde íbamos a ir, sentarme en un banco de madera a pie literal del carril bici y esperar.

Pero no quedó ahí la cosa, a pesar del embotellamiento, de las dificultades para aparcar, de los sesenta céntimos al hombre de gestos nerviosos y sin dientes y de canalizar todos los despropósitos sin magnificarlos excesivamente, iba pensando en soluciones. Pensé en usar eso que puso de moda Superman (para los más antiguos, López Vázquez sin suecas) y que ahora, despojadas de gran parte de su estructura originaria (que, afortunadamente no es también emblema de esta ciudad) aparecen en nuestro paisaje urbano, siempre que no se las necesite: las cabinas. Aquí llega la maldición cuando intento pensar en llamar a un móvil, y no por la inversión en euros (creo que no había usado una desde las pesetas), sino porque no me sabía el teléfono al que llamar. Y por eso maldije. “¡Esto ya no es lo que era (imaginadme con voz fernandofernangomecística con un puntito umbralesca)… antes me aprendía todos los números de teléfono y ahora simplemente dudo al decidir si guardarlo en la memoria del teléfono o en la tarjeta sim!”.

Pensé en hacer dos o tres llamadas, con su coste adicional y una libreta en mano, para a partir de un número que me acordase, posiblemente fijo, ir enlazando hasta dar con el que necesitaba, a modo del comodín del público, del tiempo es oro o del hola Rafaela. Finalmente me desinflé y me senté en el banquito de madera de la puerta, modo abatimiento on cuando descubrí que la cabina no aceptaba monedas: sólo tarjetas. ¿Pero qué tarjeta?.

This entry was posted in diario. Bookmark the permalink.

4 Responses to El despropósito tecnológico

  1. Danae says:

    Jejeje…¡si es que estamos demasiado acostumbrados a la tecnología!A mí se me apaga el móvil y se me acaba la vida social…

  2. Cathan Dursselev says:

    Realmente estamos pegados a la tecnología. El día que un gracioso encuentre el botón de apagado y le de, estaremos perdidos, en todos los sentidos de la palabra.

    ¿que haríamos sin Facebook?… dejaríamos de hablar los unos con los otros….

  3. Ico says:

    ja..ja. sencillamente no era tu día…¡¡ Pero eso de quedarse a medias en una conversación por la batería nos ha pasado a todos… que rabia da ¿ para cuando las baterias de repuestos en el mismo movi? besos

  4. MaGDaSKa says:

    para estas cosas, los cargadores de movil para coches, son muy muy útiles!!! Cómprate uno!!!