Otrora amarilla

Ayer salí del ascensor en casa, ya había oscurecido. Encendí la luz mientras con la otra mano abría la puerta cortafuegos que da al pequeño vestíbulo de mi vecino B y yo, C. Al mirar al suelo, los felpudos de las puertas estaban recogidos en señal de una limpieza no tan reciente como para no haberlo colocado de nuevo en su sitio en el caso B y de no haber vuelto en todo el día en el caso C. Miré al hueco de su suelo, a esa pequeña rendija luminosa que siempre hay tras las puertas. Esas rendijas que no suelen traer buenas noticias: sombras extrañas, agua desbordándose, bichos saliendo. Pero esta vez, el estrecho resquicio me arrojó una casualidad. Había una ficha redonda de parchís. ¡La segunda entre abril y junio! Esta vez era roja.
Dudé en recogerla como hice como la amarilla (os lo conté en otro post que no linkeo para no ser pesada o pedante). Mis vecinos B son unos niños revoltosos y traviesos a los que invitan a jugar en el descansillo, principalmente a la hora de la siesta. Miré dos veces, me latió un poco más fuerte el corazón, pero finalmente no me decidí a recogerla. ¿Y si me veía sorprendida por esos niños tímidos de ojos observadores e intrigantes que se esconden tras las faldas del siglo veintiuno de su madre? Hubiera sido otra de esas simpáticas coincidencias. Supongo que es una de las cosas que más se pierden cuando eres niño, pero ahí estaba, no sé si entraba a casa por haber sido olvidada con la resignación de no ser la primera vez o si salía de ella escapando gracias a tener el tamaño perfecto para la rendija mientras los niños cenaban pescado frito o similar como cada noche.

Al respecto de estas inquietudes de las fichas de parchís, el otro día sin ir más lejos se me ocurrió una opción que no recogí en mi investigación sobre la ficha amarilla. Sobre las razones de encontrarse en los Remedios en la Feria. Pues bien, cabe pensar que trataba de escapar de un traje de gitana. Se trataba de un lunar que luchaba por no llegar al Real. Un lunar que se materializó con un poco de grosor y se dejó caer del volante de la rodilla, dejando un hueco en el fondo liso. Sé que dos fichas aún no puede considerarse estampida, pero habrá que observar el tema.

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4 Responses to Otrora amarilla

  1. Violeta says:

    Jejeje, me ha parecido genial imaginarme el lunar cayendo del vestido de gitana. Ainss, que imagen tan bonita!!!!

    Un placer leerte como siempre.

    Besos

  2. R2D2 says:

    Hace tiempo que no volvia por aqui, pero siempre es precioso leerte. Estaré atenta por si descubro la estampida de fichas de parchis. Si despues encuentras una verde y una azul… yo creo que estan tratando de decirte algo…
    Besito!

  3. sempiterna says:

    Jejeje, gracias guapas. Pues sabes, R2, igual esto no se lo cree nadie, pero esa noche soñé con la ficha azul, que me la encontraba y tenía que escribir otro post, y me pasaba medio sueño con cara de tonta diciendo, cómo molan las coincidencias… en fin. Besitos

  4. Javier Márquez Sánchez says:

    Jejeje… ¡me encanta! 'La fuga de los lunares no feriantes!

    Eres un genio del surrealismo…