Sueño y noches de verano

Anoche no podía dormir. No era demasiado tarde, pero lo suficiente para angustiarme. Ya no hacía demasiado calor, parecía que entraba por la ventana una tímida brisa que venía a desearme dulces sueños. Un dulce sueño que no parecía llegar, que se hacía de rogar. Los mitos de contar ovejas o poner la mente en blanco nada pueden hacer conmigo. Mi mente estaba concentrada en ese goteo incesante, con sonido metálico y pertinente. Era en el patio. Algún aparato de aire de alguna persona que posiblemente habría conciliado ya el sueño reparador con él puesto. Imaginaba que goteaba sobre otros aparatos, alfeizares, enfoscado amarillo en las últimas cinco plantas, ladrillo visto en las dos primeras, solerías de catorce por veintiocho de las terrazas, triciclos en patios de planta primera, bancos y papeleras, arriates, plantas, flores, hierbajos, papel de chupachups, hormiga resguardada. Y vuelta a empezar.

Se supone que concentrarse en un sonido monótono, o tener una temperatura constante ayudan a dormir. Nunca he tenido insomnio. Es la paciencia lo que me puede. Cinco minutos después de escuchar respirar pausadamente a quien duerme al lado, en señal de primera fase de su sueño y mi pensamiento se desboca, no puedo soportar ser como un búho de ojos como platos en la noche. De nada sirve cambiar de postura. Puerta de armario, espalda contigua, techo blanco y liso o floreado de sábanas veraniegas. Mi mente sigue a lo suyo. Concentrándose cada vez más en cosas nimias.

Voy viendo los minutos que marca mi reloj proyectado, van pasando. Es digital pero casi los oigo pasar como en esos relojes con calendario mecánicos que hay en los bancos y que tan largas hacen las esperas para los ingresos que no pueden hacerse por internet. Como esos que hay en correos cuando hay alguien que recoge premios de inscripción en asociación de consumidores sin prisa mientras esperas para poner un burofax.

Posiblemente todo esto ocurra en diez minutos. No más. En principio no tengo insomnio, pero ni siquiera de noche consigo que esta mente me de un respiro. Suerte que finalmente gana el sueño y, al menos, si pienso no me entero. O sí.

This entry was posted in diario and tagged . Bookmark the permalink.

8 Responses to Sueño y noches de verano

  1. Javier Márquez Sánchez says:

    Cemento, ladriñños y una mano de pintura blanca. Con eso se soluciona el insomnio, pero como no me haces caso…

  2. Javier Márquez Sánchez says:

    Uy, "ladriñños", quería decir ladrillos. Pero en fin, si son ladrillos gallegos supongo que funcionará igualmente…

  3. sempiterna says:

    Sí, valdrían igual si me sirviesen, pero como que no me concentro con eso…

  4. Dánae says:

    Si quieres ayuda para el insomnio te puedo recomendar algún que otro libro de texto del que tengo que examinarme esta semana…

  5. sempiterna says:

    Jajaja, Danae… deja deja… que ya veré qué se me ocurre. De qué es, por cierto?

  6. Dánae says:

    "Gestión de Crisis". Si te animas ya sabes, no tienes más que pedírmelo, jejeje.

  7. Emma says:

    Soy como "un búho de ojos como platos en la noche".jajajaja.. De hecho, mira a que hora te comento..
    Me gustó leerte.. un saludo

  8. sempiterna says:

    Nop, definitivamente Danae, de momento no quiero tu librillo. En fin, ya leí que empezaban tus vacaciones. Enhorabuena pues.

    Hola Emma. Pues sí, hora de búho, pero es lo que tienen las noches de verano. Encantada de verte por aquí.

    Saludos.