La visita

Hoy me levanté, hice las mínimas cosas antes de salir de casa, cogí las máximas cosas con dos manos, y me dirigí zombie hacia mi coche. Sí, estaba mal aparcado. Pero no creo que fuese ese el motivo por el que me encontré en el techo, además de un poco de rocío matinal (raro en esta época del año ya), un objeto verde con un moteado parecido a azúcar, pero en cualquier caso no identificado.

Es cierto que hace unas semanas, encontré otro objeto que rápidamente clasifiqué como vaso del McFlurry con dos cucharillas para ahorrar (eso está más de moda que ser romántico), y con chocolate resbalando por las paredes exteriores. La cuestión es que no le di más importancia y lo consideré un hecho aislado. Pero claro, hoy… ya son dos hechos. Así que, aunque pudiera clasificar rápidamente el objeto como una gominola verde, redonda y de tacto granuloso (no como los ositos Haribo, de todos es conocido esa clasificación de las gominolas): no lo hice.

Abrí el coche, solté todas las cosas en el asiento, robé esta foto y me metí corriendo, cerrando la puerta tras de mí. Arranqué y salí a la N-IV para intentar, siempre dentro del lado de la legalidad, que se volara a 120 km/h. Cuando llegué a mi destino, comprobé con horror, que aún seguía ahí. Una gominola: se habría volado.

Aquí empezó la otra teoría, la que no quise pensar cuando lo vi. No esperaba tener que llegar a ella, pero la idea fue tomando cuerpo durante toda la mañana en el curso: podía ser un OVNI. Muy pequeño. Diminuto. Quizás habían venido a abducir mi coche, o a mí. Mi casa, mi barrio. Como una especie de embargadores voladores. Pero por algún motivo, pasó esto.

Empecé a imaginarme a dos pequeños alienígenas a pie de OVNI, sobre mi carrocería, con los brazos en jarra y negando con la cabeza. ¿Cómo ha podido pasar? ¿Cómo hemos tenido este error de cálculo? Se suponía que superábamos con creces el tamaño de esta gente. Que veníamos a invadir, no a ensuciar. El becario de cálculo va a la calle. Y ahora qué hacemos. “Despega” tú de aquí.

Pasadas las seis horas de curso, a las 14h, salí a recoger mi coche aparcado al sol a 40º, decidida a deshacerme de aquello. Fuese lo que fuese, gominola u OVNI, sería radiactivo con la pintura de mi coche. Era gominola y (muy) pegajosa.

This entry was posted in diario, Uncategorized and tagged . Bookmark the permalink.

Comments are closed.