Sabes, ese día que…

Seguro que te ha pasado. Ese día que te levantas cuando eres pequeño y notas que has crecido: que puedes mirar las cosas más arriba de cómo las mirabas el día antes. O el día antes de caer con un gripazo y una fiebre causantes de tu tan ansiado estirón. Lees cantos de libros que antes sólo alcanzabas de puntillas, y puedes mirar a los ojos a ese primo que siempre va un poco más adelantado a ti. Seguro que te ha pasado.

También te ha ocurrido más de una vez, que te levantas una mañana, te miras al espejo y te ves el pelo, irremediablemente largo. No sabes cómo, qué habrás tomado tan vitaminado o por qué antes crecía en nanómetros y de pronto esa  noche, lo ha hecho en centímetros. Pero ya no te ves bien. Ya no puedes peinarlo. Tienes que ir a cortártelo. Ha sido de un día para otro, comentas sorprendido como la primera vez al peluquero.

Y cuando nos acercamos a Navidad, ese día que te dan las ganas de comerte un turrón. O un mantecado. Que ha empezado la gente a hablar de dulces, fiestas, regalos, y los centros comerciales lo anuncian a bombo y zambomba, y te vas derechito a mirar en el mueble del salón, ese que sólo se abre en fiestas de guardar, para rebuscar entre lo que sobró del año pasado. Ese día que tanto te apetece, descubres que casualmente la fecha de caducidad de los susodichos dulces es siempre en noviembre del año siguiente al que los compras.

Pero ni el estirón ni el crecimiento de pelo son tan inmediatos, ni la caducidad de los mantecados tan puntual, como levantarse un día, muy próximo a la Navidad y darse cuenta de que tu camiseta del pijama tiene una forma extraña. Muy mona, sí, pero más ancha que larga. Seguro que te ha pasado. Cuando te la regalaron las fiestas pasadas era al uso: estrechita, mangas ajustadas, y el largo suficiente para no congelarte los riñones. Lo normal. Y de pronto, no sabes cómo ni por qué, si será Morfeo que te tira para que no despiertes o si será un tejido que reacciona con el primer villancico, pero las mangas se te quedan cortas y te cabrían los dos brazos en una, Mafalda se pone rechoncha y cínicamente te recuerda, con algún chiste inteligente, que vas a pasar frío por la noche.

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One Response to Sabes, ese día que…

  1. Ya se sabe, obsolescencia programada.