La vida es una tómbola y los patos siempre toca

Hilando con el tema ferial, os cuento a qué me ha recordado un espisodio de hoy. Me ha recordado de cuando de pequeño en feria te encabezonabas con ir a la calle del infierno (la caótica y estridente parte de las atracciones). No era una niña de montarme en cosas violentas, era muy miedica, digamos que en los coches locos con mi padre conduciendo y si me prometía no ser brusco y en la noria que “iba despacito”. No sé si yo nací con miedo, o el miedo lo adquirí o me lo contagió mi madre, pero el caso es que casi no me subía en nada. También muy pronto aprendí que esto de las tómbolas tenía tongo, que gastabas mucho, no te tocaba nada y además, poco después me di cuenta de que si te tocaba, no era en absoluto minimalista o elegante. Pero había algo que me obsesionaba, a lo que siempre quería ir… era a los patitos. Los patos siempre tocan. Eso de “siempre toca” sonaba a gloria, era como un lugar seguro entre tanto “timador”.

Tampoco era niña de pedir mucho, pero sí que cogía por lo menos con la caña tres veces y sumaba puntos. Mi padre me decía siempre que intentara cogerlos del fondo, que los de cerca, que son los que cogían los niños, los ponían con pocos puntos. Era toda una odisea para ganar cosas que, ciertamente, ni recuerdo. Sets de cocinillas o juguetes de estos envasados en los blisters, supongo. Lo que me lleva a acordarme hoy es el sistema. Tú cogías patos y acumulabas puntos. Si alguna vez más de adolescente impresionable he ido a los “tiritos”, también acumulabas cartoncillos y en la tómbola, también. La cosa es que acumulabas hasta que parabas y tenías que elegir entre dos opciones, el perrito piloto o la pata de jamón, la muñeca de apodo soez o el radiocasette de doble pletina. O el llavero y la gorra, vamos. La cosa es que acumulabas y canjeabas.

Pues bien, la odisea de hoy ha sido canjear los puntos de mi operadora móvil. He consultado el saldo actual, bueno, lo ha hecho la chica de la tienda y con mis puntos hemos ido viendo exactamente lo menos malo, menos ladrillo y menos antiguo que me puedo llevar a casa. Finalmente, parece que por un “módico precio” y mis puntos y mi fidelidad y no sé cuántas cosas más puedo tener un móvil que, por supuesto he reservado porque no estaba disponible. Eso sin nombrar que cada punto que tenemos, es un euro de consumo que hemos hecho. Tras reflexionar esto me ha dado un poco de vértigo al pensar cuántos euros me he gastado, porque al final es como en la feria, llevo tres años en esta compañía comprando boletos y ahora tengo que elegir. Y he elegido. Y además, creo que he tomado la decisión yo sola. Será que elegir entre lo menos malo es menos complicado que entre lo mejor. Digo yo que mientras menos opciones… anda que quien no se consuela es porque no quiere.

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4 Responses to La vida es una tómbola y los patos siempre toca

  1. R2D2 says:

    Es el marketing… en un mundo de tantas posibilidades, las empresas tienen que engancharnos con lo que sea, bien con el cartel de “Siempre Toca” o bien con el “Acumula puntos si sigues con nosotros”
    ¡Seguro que tu nuevo movil es muy bonito!

  2. Ico says:

    comparto tu pavor a las norias… y con telefónica mejor no opinar .. panda de ladrones….eso me ha recordado que mi movil anda con una tirita para que no se le caiga la batería…tendré que cambiarlo algún día..

  3. sempiterna says:

    Jajaja, pues realmente voy a llamar ahora a ver si está disponible para ir, R2, así que, ya te contaré.

    Ico, lo de la tirita no es muy high tech, jajaja.

  4. Javier Márquez Sánchez says:

    Sí que es bonitom el móvil, sí… ¡Jo! Anda que no me conseguía yo cosas en la feria pegando tiros. Lo que mejor recuerdo es un llavero con un reloj de sol como el de Willie Fog.

    ¡Ay, juventud, juventud…! ¿Por qué te has ido sin tan siquiera decir adiós?