Estrenando nueva etiqueta: etiqueta

He pensado inaugurar una nueva etiqueta del blog. La etiqueta se llamará etiqueta. Recogeré todas aquellas etiquetas con las que me tope y sobre las que pueda emitir una opinión (porque seguro que de algunas, no podré hacerlo). Para empezar, hablaré de Monogotas: una nueva línea de perfumería de Mercadona, de su marca blanca. Bien.

El concepto es bello, el bote es transparente, cilíndrico, sin ningún aumento o disminución de volumen en su vertical, lo cual lo hace simple, estable y elegante. Está coronado por tapón gris de rosca, buena idea el color, regular la apertura del tapón, apretando en un lado, para que se levante la portañuela por el otro (se sabe que se pierde un 0,8% de gel en dicha infraestructura), pero indudablemente loable la elección de que sea cilíndrico también, a escala con el inmediatamente inferior. El tamaño es muy acertado. Véase en la imagen con la unidad de escala más apropiada, el azulejo o baldosín cerámico blanco de 20 por 20.

La etiqueta, rectangular, con sutiles curvas en las esquinas, para no llegar a caer en la composición de círculos, que romperían con la sobriedad y austeridad que las líneas rectas imponen, para inducir así a una mentalidad práctica en el desempeño de la actividad aparejada. Dividida en dos partes, el nombre y la descripción (ésta última fundamental por si no recuerda de qué estantería del supermercado la cogió). Posiblemente bien adherida y difícil de despegar, muy de agradecer ya que en su lugar de uso se alcanzan elevadas temperaturas y se pasa algún tiempo de aburrimiento.
La tipografía. Si bien es austera y sencilla, en consonancia con todo el conjunto, y escoge los colores gris (para ir a juego con el tapón y seguir con el criterio de elegancia) y vainilla, muy acertado por su similitud con la vainilla, modalidad de olor (o sabor, si no recuerda de qué estante) que promociona. El problema: el tamaño. Sin duda, es de agradecer el tamaño grande de las letras, pues en muchas de estas circunstancias, uno suele encontrarse desprovisto de lentes (de cristal o contacto), pero mala idea a la hora de decidir por dónde partir las palabras.
  • Primera pregunta: ¿hay que partir las palabras? Hubiera sido aconsejable no hacerlo, si bien, para conservar el tamaño de la letra, habría que haber recurrido a la posición y dimensiones horizontal de la etiqueta, perdiendo la consonancia con la forma del bote, que ensancharía irremediablemente para ir a juego y perdería el concepto de esbeltez, así como la comodidad de uso (se puede coger con una sola mano), y la ergonomía del poco espacio que ocupa en el poyete que todo arquitecto diseña para poner los geles (aunque comúnmente se piense que se hace para ajustar el tamaño estándar de las bañeras).
  • Segunda pregunta: ¿habría partido monogotas en mo, nogo y tas? No, indudablemente no. Si bien, vainilla está correcta, sonora y estéticamente partido en vaini y lla (quizás porque no sabían si vai era diptongo o hiato, gracias a lo cual), monogotas debía haberse partido en mono, go y tas. Posiblemente se ideó de este modo para evitar tener un producto que empiece por mono, por puro márketing, pero se habría compensado posiblemente con la relajación obtenida de la composición piramidal invertida.

Valoración final: Si se tiene en cuenta la adecuación o no de la etiqueta y nombre al producto, Monogotas no es demasiado acertado porque evidentemente, no sale solo una gota con ese dosificador y porque dada la viscosidad del producto que contiene, sale más bien en forma de río de lava candente. Aunque se puede decir que la mayor disminución de nota en este caso, es causada por las sílabas resultantes, si bien, como contaba con una alta nota inicial, basada en la sencillez y elegancia de formas, austeridad de tipografía y colores y combinación de calidad-precio-dedicación acertada, no se ve demasiado perjudicada la puntuación global. Podría ser un 7.75, de no ser por haber querido continuar la serie*.

*Siempre, más productos dan más solvencia y respaldo a una etiqueta. Se hacen variaciones de tamaño y adaptación al producto, pero siempre es reconocible. El problema es que la elección de su hermana pequeña, el frasco de colonia de baño, con olor o sabor a vainilla, rompe la elegancia y austeridad, al introducir color brillante y plateado en el tapón y además, desproporcionar totalmente las dimensiones, suponemos que queriendo ahorrar en costos y por esa estúpida creencia popular de que las buenas esencias se venden en frascos pequeños. Final y colateralmente, la nota se ve reducida a un 6: hay cosas peores.
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