Los sonidos de Trigueros

Trigueros era, hasta la semana pasada, uno de los pueblos por los que se pasa camino de la playa, de Islantilla. Una estación de servicio, luego Trigueros y San Juan del Puerto, señal que me hace estar alerta porque me recuerda que pronto tendré que desviarme y enlazar con otro tramo de la autovía. Que yo soy muy de pasarme las desviaciones o salidas.

Pero a raíz de acompañar a María José a un curso de “Escritura Creativa” que imparte en 3 sesiones, Trigueros es otra historia. Yo, desde mi perspectiva un tanto peculiar, diría que es un pueblo en torno a un precioso claustro de un antiguo convento. Que me perdonen sus habitantes ya que tendrá muchísimos puntos de interés, pero es que los claustros son una debilidad profesional.

Este convento se encuentra en una plaza elevada y con kiosko de los de toda la vida, eso sí, con cubierta de teja. Suenan balones de niños que juegan mientras las abuelas pasean. Un día la atravesó un cortejo fúnebre y se hizo el silencio. En un lateral de la plaza, dentro del convento, está la biblioteca, de la que entran y salen personas de todas las edades. Taller de escritura, pero también club de lectura; sus versiones infantiles, juveniles y en inglés, su cineclub y no sé cuántas actividades más. Y los ordenadores. Y en la planta baja, el centro cívico. Pasos que suben y bajan la escalera con tabicas de azulejos.

Hoy tomé café en la plaza donde está la fuente con caños. En Trigueros son tres. Dos cafés y para mí, un pastelito. Dimos para el Domund a las niñas de la hucha, que me recordaron a mis tardes de barrio. Esas tardes se parecían a la vida en Trigueros.

Ya dentro, me intento camuflar entre niños que experiementan tuenti y chicas que analizan sujetos y predicados en oraciones mientras piensan en el peinado que llevarán en feria, que intuyo, debe estar próxima. Me siento entre arcos de medio punto, un tanto achatados en la planta superior y pilastras, todos ellos de ladrillo, pero no solemnes. Me acomodo entre estanterías con volúmenes supongo que centenarios y bajo una bonita viguería inclinada de madera. A veces se elevan las voces, que no son más que los latidos de este claustro vivo, pero está Ruth, anfitriona de la actividad frenética de este rincón del mundo. Nos hace volver al orden y escuchar la fuente de nuevo.

Anochece en el claustro iluminado y ahora suenan castañuelas que aunan riapitás. Definitivamente, la feria debe estar cercana.

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3 Responses to Los sonidos de Trigueros

  1. Javier Márquez Sánchez says:

    Me ha gustado mucho esta entrada. Me ha transmitido quietud y sosiego…

  2. El rebaño del lobo_autor says:

    De verdad consigues transportar con tu prosa. Mi más sincera enhorabuena!

  3. sempiterna says:

    Gracias chicos :) Quería expresar un poquito cómo me sentí allí.