El viaje del caracol – Mis camper y la torre Agbar

Ayer aterricé en el Prat, parada número 1. Me esperaban mis compañeros de trabajo y me llevaron a ver cómo había quedado el stand que llevamos a Liber (BCN) y a Frankfurt. Ese en el que habíamos estado trabajando intensamente unas semanas atrás. Tuve de nuevo esa sensación como cuando fui por primera vez al Museo del Prado o como cuando viajé a Roma en 3º de BUP. Esa especie de cosquilleo que te recorre el cuerpo cuando sabes que estás en la sala que precede a las Meninas, cuando te acercas al Moisés o cuando doblas una esquina y te encuentras el Panteón. Son cosas que llevas tanto tiempo viendo en libros de texto que estás notando su presencia mezclada de la excitación de verlas en tres dimensiones (entiéndase la expresión con reservas para las Meninas). Pues algo parecido me ocurría mientras andaba por los pasillos monótonos de la Fira. Y de pronto, lo reconocí cual madre, rompiendo la monotonía: nuestro stand ecológico, sostenible y por qué no decirlo, elegante.

Me disponía a posar para una foto con el stand, mi estancito, cuando se me acercó Jordi Bigues. Jordi es un periodista y divulgador ambiental con quien hemos colaborado fen alguna ocasión. Se hizo una foto conmigo y luego me miró los zapatos. “Te miraba los zapatos”, me dijo. “Me encantan”. Sonreí. Mucho, pues los estrenaba por fin y ya se sabe lo de feliz como una niña con zapatos nuevos. “Fueron los últimos que diseñé cuando trabajaba en Camper”. No me lo podía creer. Levanté un pie por si debía pedirle un autógrafo pues. Sonreímos. Nos despedimos.

Ya de vuelta al hotel, andaba cabizbaja tirando de la maleta mientras volvía a mirar mis menos huérfanos zapatos -regalo de mis padres, que todo hay que decirlo-. Ya casi en la puerta, cuando parecía que el día largo terminaba, levanté la cabeza y me encontré de frente la torre Agbar iluminada. Esta reciente obra de Jean Nouvel -dicen que inspirada en el legado de Gaudí y en las montañas de Montserrat- tiene muchos amantes y muchos detractores, pero anoche me miraba con sus LEDs encendidos cual faro. La miré ojiplática. Me pareció un encuentro precioso además de casual. Nada de intuición o premeditación. Nada de sensación previa. Una bonita concatenación de hechos.

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One Response to El viaje del caracol – Mis camper y la torre Agbar

  1. Javier Márquez Sánchez says:

    ¡Qué guay estar allí (en la ciudad y en el Liber) y sobre todo ese encuentro con el diseñador de tus zapatos! Jo, una casualidad cósmica, que diría uno que yo me sé… ¡QUe vaya todo genial!

    Por cierto, muy chulo el stand.