Mejor en silencio

No tenía el gusto de conocer a este escultor (entre otras disciplinas), pero no me lo tengáis en cuenta porque voy a sacar algo positivo de esto. Más allá de investigar y seguir de exposición en exposición la obra de alguien del que uno se puede confesar admirador, hoy he hecho el ejercicio placentero e inquietante al mismo tiempo de sentir la expresión de un nuevo artista, Juan Muñoz. Han sido una serie de imágenes que desconocía, un hombre del que no había oído hablar y del que no sabía ni de su muerte, lo que ha hecho positiva la experiencia. Encontrar de manera casual una obra, con la excusa de una retrospectiva que se realiza en el Reina Sofía que me ha llegado en un boletín de arte, ha aportado al día ralentizado, acartonado y plano de hoy ciertas dotes de ritmo, de textura, de volumen o al menos de sensaciones, lo cual te recuerda que a pesar de todo, estás vivo.

Digamos que este hombre siempre ha tenido especial fijación por la comunicación (o la falta de ella) y por el silencio. El silencio puede entenderse como que no hay nada que decir, que es mejor callárselo o que en soledad es la mejor manera (o única) de dialogar con uno mismo. Es por esto que me he prendado de estas figuras de plomo y a veces de cera, que se van insertando en la arquitectura de los museos, anteriormente en la Tate Modern, actualmente en el Reina Sofía, supongo que por el patio de Sabatini (concebido como patio de antiguo hospital) o en alguna grandiosa zona de la ampliación de Nouvel. En estos dos enclaves tan peculiares, especiales y bellos compositiva y arquitectónicamente hablando, en esos dos edificios reutilizados y reinventados para dar cabida a las posibilidades artísticas fruto de la imaginación y creatividad de grandes artistas, se van sucediendo una serie de figuras estáticas que van mezclándose con el público asistente.
Entre todas estas sensaciones, los expertos ven un denominador común y es conseguir la frustración, el desaliento que produce que el silencio sea la única opción de la comunicación. Existe una presencia material, pero una indudable ausencia. Se trata de sensaciones diferentes. Personalmente me ha transmitido esa sensación de vacío, de estar en un sitio pero ser ausente, cumplir con el protocolo de la asistencia pero pasar desapercibido, la falta de valor o la incomprensión que unos seres reciben de otros. El silencio como opción válida ante la observación de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Así quizás me siento, aunque me gustaría tener boca de plomo o cera, porque a veces rompo la belleza del silencio.

This entry was posted in arquitectura, arte and tagged . Bookmark the permalink.

4 Responses to Mejor en silencio

  1. Ico says:

    inteligente reflexión… nuestra sociedad abocada al silencio.. no calles nunca …hace falta gente que desde su prisma peculiar comunica otras maneras de ver

  2. Javier Márquez Sánchez says:

    ¡Qué vas a tener tú boca de plomo o cera! Si no hay nada mejor que escucharte hablar… incluso cuando es demasiado, jejeje.

    Una entrada interesante y un artista no menos curioso. Gracias por el descubrimiento.

  3. josephb macgregor says:

    A mi no me mola el silencio cuando es sinónimo de “me importas un pimiento” o “paso de ti” o “tengo en mi vida otras prioridades más importantes que tú”.
    De todos modos, coincido bastante en tu apreciación ya que para mí el ruido llega a convertise en algo absolutamente insoportable, cada vez lo soporto menos.

    Tú blog es para mí como la playa de un naufrago. Grazie Mile

  4. sempiterna says:

    Gracias Josephb, pinta genial ser una playa de naúfrago para alguien. Me alegro.

    No, yo intento no callar, Ico, pero a veces, creo que sería realmente mejor callar… por lo que digo que, a veces, me gustaría tener la boca de plomo o cera, Javi.