A Woody Allen le gusta mi lámpara

Tengo que reconocer que me encanta Woody Allen. Y como tal, soy su mejor defensora y su inexistente detractora. Alabaré Manhatan y simplemente, guardaré silencio en alguna que otra cinta.
[Os sorprenderéis por la palabra, pero sí, he dicho “cinta”. Para empezar a coger el tono woodyaleniano).

Siempre he querido tomarme la vida como si fuera un personaje de Woody Allen, que me pasen cosas en noventa o cien minutos, no grandes problemas, o no al menos del modo que él los hace ver. Simplemente, las cosas de la vida cotidiana, sus personajes peculiares, interesantes. Y que se resuelvan los problemas, aunque por definición sean eternos y cíclicos.

[Aquí es cuando empieza a sonar, discretamente, algo de Benny Goodman].

Haciendo un poco de análisis: la parte atormentada, nerviosa, complicada, sempiternamente preocupada y dubitativa, la he llevado siempre muy al día. La sección estética, lo intento, aunque es difícil tener tanta personalidad como Diane Keaton para vestir así, y desgraciadamente, el otoño en esta ciudad dura poco como para que la hojarasca me acompañe hasta la puerta de mi apartamento blanco y urbano.

[Ahora es cuando me vais siguiendo con la cámara –sería genial saber que esto se llama travelling, por ejemplo- y voy encendiendo las luces en cada una de las mesitas que me encuentro. Vamos pasando por las distintas estancias de mi apartamento ora en Londres otrora en Manhatan, todas con al menos una pared llena de estanterías y libros, y todas con un escritorio, sea salón o dormitorio. Puntos de luz que van mostrando escenas cotidianas después de alguna velada de disertaciones interesantes, vino y conversaciones cruzadas como sólo Woody sabe hacerlo].

Aunque tengo que reconocer que, la tercera parte, esa vuelta de tuerca, ese enroque, el cambio de piezas y de nuevo el equilibrio que siempre propone al final de sus noventa minutos… esa me suele quedar para septiembre.

[Cierro la nevera con una caja de comida para llevar, ora japonesa otrora china, y, con un libro bajo el brazo, me siento en la cama, con un cuadro urbano de fondo y cómodos almohadones. En un último movimiento, antes del fundido en negro, enciendo mi lámpara].

Me sigue quedando mucho para ser como uno de sus personajes, pero al menos, he de decir que Woody y yo, hemos escogido la misma lámpara para esa escena.

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5 Responses to A Woody Allen le gusta mi lámpara

  1. Tantaria says:

    Bueno, a mí no me cuesta mucho imaginarte en esas tesituras, aunque sí cambiar Manhatan por la Torre del Oro. ¡Aunque todo es ponerse!

  2. sempiterna says:

    Sí, Tantaria… matices…

  3. MercedesCuadrado says:

    Y entonces sonará el timbre y al abrir me encontrarás nerviosa, y gesticulante y tartamudeando te diré que creo que el vecino de al lado ha matado a su mujer…

  4. Javier Márquez Sánchez says:

    Pero si tú ya eres un personaje sacado de cualquier peli de Woody. Más que de la etapa de genialidad de finales de los 70 (Annie Hall y Manhattan), te veo moviéndote con soltura por alguna de sus cintas de cinco años después, como Hannah y sus hermanas o Maridos y mujeres, con algo de Cole Porter sonando de fondo. Pero no lo dudes, ya eres tan fascinante e interesante como cualquiera de esos personajes… Más añun, por supuesto

  5. sempiterna says:

    Vaya, Javi. Gracias :)