Post para la elipsis

Tal y como aprendí en las clases de las asignaturas de proyecto de la carrera, mientras más tardes en ir a corregir, más trabajo deberás llevar resuelto y peor lo pasarás.

Esta es una idea, que bien podría decirse que me atormenta desde la guardería, pero resulta que allí sí era capaz de llevar al día los zurcidos de letras con macarrones de plástico y no me daba vergüenza exponer en público cómo me ceñía a los bordes al colorear. Pero esas que recuerdo serían de las últimas veces, supongo. Después, algún efecto cósmico, paranormal o genético me hizo retraerme, perder confianza y coger miedo a las exposiciones públicas. Es cierto que era una corriente alterna, durante algunos años, no ocurría, pero al llegar a la carrera fue fulminante.

Nota aclaratoria: las correcciones, lejos de la idea bucólica de reproducir un taller, un lugar de reflexión, conversación y borrones en papel (tal y como lo veían profesores y algunos alumnos), a muchos de nosotros nos parecía un circo romano, en el que dos o tres arquitectos sin demasiada consagración, desde los vomitorios, se miraban y giraban sus pulgares hacia abajo. Acto seguido se abrían las rejas (sin mucha ornamentación, eso sí) a las bestias que arrancaban trozos a tu proyecto, muy despacio, interminablemente.

En esos días, desarrollé una gran capacidad para quedarme en segunda fila en los corrillos de alumnos ávidos de batallitas, palabras, gestos, miradas e incluso desprecio de los profesores, alzados como dioses desde el día de la preinscripción. Quizás penséis que se trataba de una fuerte personalidad, una especie de lucha de poder o de sentirme de igual a igual por la que yo no corría a estar entre los “elegidos”. Entre aquellos que aplaudían con escuadras y cartabones, portaminas Faber Cáster, papel cebolla, cartones pluma y madera de balsa, todos al unísono, las ideas felices de noches febriles. Pero no, desgraciadamente, era más bien la desidia, el pasar desapercibido, la inseguridad, a veces el pánico, etc., las que me llevaban a ser una más del montón.

Toda esta farragosa historia de abuela cebolleta, no viene más que a ilustrar esta creencia mía de que mientras más tiempo pasa entre exposición y exposición, corrección y corrección, post y post; más se te presupone haber pensado, reflexionado, dibujado, ideado, creado o escrito.

Pensé en volver como si nada, para eso es mi casa, mi villa, son mis caracoles… pero no sé volver así sin más. Por una parte pienso que debo excusarme y además, por otra, me entra el miedo escénico de volver a romper el hielo y de recuperar algún aburrido lector, lo que hace que los tiempos se distancien y entremos en el círculo vicioso de la corrección que nunca llega.

Pero como sigo sin saber hacer esto bien, pasaré de puntillas y volveré hablando de Saramago, tal y como me fui, para que parezca que el tiempo no ha pasado.

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4 Responses to Post para la elipsis

  1. Javier Márquez Sánchez says:

    Una buena entrada de reenganche. ¡Y que no vuelva a pasar tanto tiempo sin un nuevo post!

  2. Violeta says:

    Seguimos por aquí leyendoos. No os quedaréis sin lectores, nop…

  3. MaGDa says:

    jajaja!! ami me pasa lo mismo!
    Cuando pasan los días y no he escrito, y alguien me pregunta: "oye, llevas un tiempo sin actualizar¿?".. em.. sí, cierto, ya mismo retomaré…
    Pero tb me psa esa sensación "post-proyectos"… mientras más esperes más esperarán de tí, o peor aún, más expectación ante tu corrección. Recuerdo alos que practicamente corregían una vez por semana, o incluso dos. Correcciones simples, sin chicha, pero correcciones; hoy voy a corregir una serie de bibliografía que he estado estudiando que viene mucho con mi forma de ver y leer este proyecto; traigo esta maqueta de volúmenes para hacernos una idea espacial de lo que tengo en mi cabeza; son dos croquis "guarros" solo, pero dan mucho que hablar…. etc. etc… ese arte que se daban eh… y yo con mi proyecto casi terminado pero sin querer corregir!!!

  4. sempiterna says:

    Jeje, Madita, sabemos de lo que hablamos 😉