Me cuento veinte y salgo a pasear

En otro de mis paseos nada relajantes, otra de esas caminatas a toda velocidad (aunque quisiera no podría andar más despacio), me ha vuelto a pasar. Sé que pensaréis que soy poco original, y que me encasillo, de hecho siempre todas las reflexiones empiezan igual: mirando al suelo mientras ando, o siempre todos mis recuerdos remiten a la misma época: la infancia. Pero es que es cierto, ha vuelto a ocurrir.
Miré al suelo y allí estaba. Una ficha de parchís amarilla. Es una de esas fichas que hay que deslizar por el tablero, sin volumen, sin forma, planita de dos caras, evidentemente simétricas y consecuentemente idénticas. Me pareció singular, así que mereció el esfuerzo, me agaché a recogerla y la metí en mi bolsillo. La pobre, ahí sola, perdida en un barrio como los Remedios (producto “ordenado” de un ensanche y crecimiento de la ciudad) donde yo no soy capaz de orientarme. Me dio ternura, amarilla ella. Así que, ahora vive aquí en casa con nosotros. Que no significa que se sienta menos sola. En realidad la naturaleza de una ficha de parchís es estar acompañada, desde su nacimiento hasta su muerte (el día en que el juego es abandonado por una consola en el último estante del armario de los juguetes). Viven en grupos de cuatro o dieciséis respectivamente si hacemos distinción tópica por colores o no, y sólo se separan en caso de que les toque cumplir el servicio obligatorio de la oca, al otro lado del tablero. Pero pasada ese servicio a la comunidad, vuelven.

Realmente me planteé cómo sería la vida de una ficha de parchís para intentar entender cómo habría llegado a aquella esquina de Asunción con Virgen de Luján un miércoles de feria. Puede que eligiese ese día para escapar de la rutina de dar vueltas al tablero o de la sensación de ser simplemente una más entre cuatro, a la que sólo se le presta atención si está más o menos cerca de la zona segura de llegada.

Cansada de esperar el eterno cinco, puede que haya decidido salir, sin pensar que ahora ante su ausencia, las otras tres o quince fichas se ven perjudicadas. Tendrán que jugar con un garbancito o lenteja que la sustitya, eso por no contar el dolor inmenso de no saber si se habrá ido en contra de su voluntad.


Normalmente no suele ocurrir, pero a veces alguna de las fichas del parchís desarrolla esa necesidad de salir, de conocer mundo. Nos sale una ficha aventurera, que quiere conocer que hay más allá de las casas circulares de colores primarios, de las calles de recuadros numerados, de las zonas seguras de estancia o de ese triángulo en el que finalmente todas se van encontrando. Muchas veces se es feliz sin salir del tablero, sin saber qué otros juegos reunidos hay en la caja. Pero una vez cada cierto tiempo, una ficha siente la necesidad de sentirse especial y se sale del camino de losetas consecutivas establecido. Casualmente, en este caso, ha sido la ficha amarilla.
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5 Responses to Me cuento veinte y salgo a pasear

  1. josephb macgregor says:

    Quizá la ficha amarilla ha estado en su puesto demasiado tiempo pensando en que si se iba podía perjudicar a las otras tres o quince fichas…pero supongo que llega un momento en que si la ficha amarilla siente que debe seguir su propio camino, no debe pensar en el bien ajeno antes que en el propio…

    Cómo bien dices a veces uno siente la necesidad de escapar de lo esquemático y recuperar la libertad de hacer las cosas a su modo o siguiendo el dictado de su manera particular de funcionar.

    Saliendo del tablero la ficha ha encontrado un hogar, un sitio en el que sentir que alguien como tú la cuida y es capaz de dedicarle una reseña en tu blog, cómo has hecho tú. Salir del tablero le ha servido para encontrar su lugar en el mundo, quizá mucho más verdadero que la frialdad de un tablero cuadriculado.
    Besotes
    josephb

  2. Teo Palacios says:

    Igual quería probar el rebujito y darse una vuelta por el real…

  3. Ico says:

    a veces hay que escaparse del redil para poder creer en que realmente somos libres

  4. Javier Márquez Sánchez says:

    Me ha encantado el post pero no puedo comentar demasiado sobre él porque estoy ofuscado. Desde luego, que seas capaz de escribir cosas tan bonitas y luego te empeñes en mantener que no sabes escribir… ¡Brrrr!

    “Me dio ternura, amarilla ella”

  5. R2D2 says:

    Y eso que yo siempre elegia cualquier color menos el amarillo, pero me la has pintado tan bonita… ¿Jugamos al parchis? Yo soy las amarillas ^__^