La salamanquesa (común)

En plena c/ Bailén en Alcalá de Guadaíra, una pequeña salamanquesa común, además de recibir ese apellido, fue expulsada de su territorio, de su reino: una fachada céntrica, bien situada y con abundantes horas de sol. Frente a ella, un bonito y moderno edificio con aplacados de piedra de no mucha altura, como corresponde a un casco histórico de pueblo con incipiente PGOU, que deja pasar mucha luz, mucha radiación y que asegura, por las zonas verdes próximas, una importante ingesta de insectos con nocturnidad. Tras ella, la incerdidumbre: seguramente una seriación de espacios comunicados, más o menos insalubres, sin luz natural ni ventilación, sin patio y con insecticidas y personas histéricas.
Esa pobre salamanquesa, llamada común por los más doctos o bicho por los menos, ese pobre dragoncillo venido a menos y despojado de todo su halo mágico y épico, esa Tarentola Mauritanica alcalareña, tuvo que pasar al plan B y cambiar la planeidad de la fachada, otrora encalada, por un pladur de tonalidad amarillo garbanzo-relajante-mono-aparente-menos-sucio-que-el-blanco-de-venta-en-todas-las-grandes-superficies. Asustada y agazapada tras una puerta entreabierta, escuchaba amplificadamente la llegada de gente, las risas, las aperturas de maletines y las sintonías de los sistemas operativos.

Finalmente llegó una última persona, cargada y con prisas, que empezó a hablar rápido mientras tocaba todos los interruptores y que encendió un cañón luminoso que apuntaba a la pared. Para terminar, cerró la puerta que estaba entreabierta y descubrió su escondite. Todos la miraron, notó muchos pares de ojos posados en su piel rugosa y empezó a correr. El geco sintió latir con fuerza su corazón por sentirse de nuevo víctima de ese mal común, la saurofobia. Temió por tener que regenerar su cola de nuevo o por ese dolor, peor que una mala resaca, de un escobazo en su cabeza triangular. Divisó un cuadro muy feo en la pared y después de pensar en el poco gusto de algunos humanos y en su capacidad para, a pesar de eso, seguir sintiéndose seres superiores, decidió que sería el lugar adecuado para resguardarse y seguir la clase de AutoCAD. Después de algunas lecciones, no entiende cómo los humanos siguen sin poder hacer una equidistancia de un objeto girado simétricamente a la primera.

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4 Responses to La salamanquesa (común)

  1. Tantaria says:

    Qué genial tu entrada. Una peli de acción de una salamanquesa de pueblo!!!

  2. sempiterna says:

    Ya ves. Cuánto tiempo Tantaria 😉 Besillo

  3. Javier Márquez Sánchez says:

    ¡Jo, qué guay! Me encanta esta entrada. Me parece superchula. Aunque me ha dado pena pensar en "ese pobre dragoncillo venido a menos"… pero ya veo que se las apaña bien

    😛

  4. David says:

    Y lo más curioso del tema es que el "dragoncillo" es probable que sepa más de Autocad que algunos de los que pasan por esa clase estrujándose el cerebro :p.