Mi comunidad

Una vez pasada la primera impresión de la foto y volváis a respirar, os diré que he dudado unos días sobre qué hablaros en referencia a ella. Me ha sugerido dos temas distintos, pero finalmente me decanto por uno, aunque os emplazo a hablaros de las muñecas de mi infancia.

Os hablaré hoy de la comunidad de vecinos. Reconozco mi puntito asocial en la vida. A simpática seguro que no me gana nadie, pero ya en faena. Si no, intento no abrir la puerta, no contestar al teléfono, etc. Un tesorito, vamos. Pues bien, observando las muchas costumbres de esa mi comunidad, lo primero que me llamó la atención es que hay mucha gente que no saluda. Y eso sí que me cabrea. ¿Os tengo liados? Veréis, una cosa es hacer por no coincidir, pero otra, si coincides, saluda… si oyes la puerta, aguanta el ascensor que lo aproveche más gente… no sé si me entendéis. La comunicación en mi bloque es más del tipo de pegar carteles anónimos en el espejo del ascensor, con más o menos faltas de ortografía, que vienen a decir: no tiréis pelusas, ni colillas, ni cáscaras de pipas sobre mi ropa. Un tesorito, de nuevo.

Pues bien, la costumbre divertida número uno es que todo lo que se cae de ropa al tender, se cuelga de la barra del ascensor. Sean camisetas monas o gayumbos carrefureros. Hay quienes lo meten en una bolsita y es ésta la que cuelgan. Pero parece más divertido colgar a pelo. A veces, eso hace que te plantées qué clase de ropa usa la gente. Pero te dura poquito tiempo.

El otro día, esperaba al ascensor para bajar, por la mañana temprano y cuando abrió había una señora contratada para hacer limpieza del portal, con cuatro cubos de agua. Le pregunté que si cabía y allí que me metí. Durante cinco plantas, la señora me dijo que vaya tela cómo estaba todo. Que cómo se notaba que la empresa anterior se iba a ir porque lo han ido dejando. ¡Y vaya si estaba sucio! No sabía dónde meterme. “Qué le digo yo a esta mujer”, pensé… si ella supiera que tiran las colillas sobre las terrazas ajenas y que cuelgan los gayumbos en las zonas comunes… asentí, supongo que cargué un rato con las culpas correspondientes a las partes proporcionales de las zonas comunes, con mi coeficiente de tipo de vivienda y garaje sin trastero, y salí en el bajo.

Así que, esta muñeca que impidió que recogiese el correo el otro día, que no paraba de mirarme desde que entré al portal hasta que se cerraron las correderas del ascensor, no sé cómo llegó ahí pero parece ser otra marca de la casa.

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3 Responses to Mi comunidad

  1. Javier Márquez Sánchez says:

    Sí, doy fe de ello. Una comunidad de lo más peculiar e inquietante, en ocasiones. Esto del muñeco pelón, además, tiene un puntazo peli de miedo que no veas. La otra mañana vi otra escena con muñecos, aunque esta vez más bien triste. La vecina de al lado había lavado todos los peluches de la hija -más de media docena, de todos los tamaños- y me los encontré colgando de las orejas a todo lo largo del tendedero. Os juro que tenían una expresión entre tristeza y miedo. Los compadecí sin remedio…

  2. Tantaria says:

    Jajajajaja! Lo de la muñeca es muy gore, pero hija, lo de los gayumbos en el ascensor es de nota!En mi comunidad pasa eso de lo de "no saludar". Es una cuestión de civismo básica, pero se ve que no todo el mundo la tiene interiorizada. El próximo día que me encuentre al idiota que no me ha saludado hoy le cierro la puerta del ascensor en las narices!

  3. Ico says:

    Estoy contigo, soy asocial pero cuando se encuentra a un vecino hay que saludar.. es de ley..