Primera sensación de la mañana

Por las mañanas cuando iba al colegio, solía hacerlo repasando. Rara era la vez que llevaba la vista en alto, aprendí incluso a no marearme. No es que lo dejase todo para última hora (vicio que cogí algo más tarde), ni que me aburriese la conversación que pudieran darme mi madre, hermanos o abuelos (según el día, según el curso). Era más bien esa sensación de inseguridad, ese blanco mental que acechaba por las noches a última hora y que hacía que al abrir los ojos de nuevo, ya hubiesen desaparecido los conocimientos. La cuestión es por qué razón se pensaba que esa última lectura, esas últimas palabras de vocabulario de inglés o ese último repaso con los dedos en forma de compás para abatir un plano de dibujo técnico, servirían para algo. Pero al menos era una especie de paracaidas en el camino del coche. Me he acordado de esta sensación al cruzarme una de estas mañanas con un niño tirando de su mochila con ruedas (cosa que creo que se puso de moda en la época ya de mis hermanos). Iba contestando a las preguntas que, libro en mano, le hacía quien lo acompañaba al colegio.


Intentaba buscar la sensación de la mañana. El sabor, el olor, el color, el sonido. Lo que se siente al respirar profundo en una mañana fresca, preludio de una subida de temperaturas al mediodía. Pensé que indudablemente, el olor y el sabor irían íntimamente relacionados con el desayuno. En realidad el olor a café recién hecho, me encanta, y el del pan tostadito, levanta el ánimo. Hablamos de pan tostadito, no quemado, no ese olor a escalera de bloque por la mañana de un domingo al uso. No ese pan raspado con cuchillo sobre cubo de basura. Pero por hacerlo todo un poco más céntrico y neoyorquino elegiré el olor y sabor de un cruasán recién hecho.

El sonido, en plan película, serían las persianas metálicas subiendo… pero desgraciadamente tengo horario algo menos burgués de lo que me gustaría. Tampoco es que escuche al camión de la basura volcando el contenedor y golpeándolo unas tres veces, con sus tres choques de tapa que se abre y cierra correspondientes. El sonido se parece más al de las ruedecitas de las mochilas por el adoquinado de las calles, al de los pasos rápidos para no llegar tarde, al sonido de algún móvil con llamadas casi intespectivas, o al ruido de cucharilla en una taza.

La cosa es que mientras esperaba a mi amiga para ir al trabajo, andando un poco en círculos achatados o en elipses para ser más exactos, tratando de rellenar el cuestionario mental sobre la sensación de las mañanas, me atravesó por el cuerpo como un rayo la sensación de cosas por repasar, de deberes que terminar, del último momento antes de enfrentarme a un papel en blanco. Aunque lo enmascaremos todo con esencias matutinas cotidianas, hay sensaciones asociadas que nunca cambian. Seré yo.

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8 Responses to Primera sensación de la mañana

  1. MaGDaSKa says:

    Qué recuerdos… esos repasos matutinos… un día me tragué una señal de stop… y ahora, icluso antes de una corrección, en la puerta del despacho, repaso las notas q he apuntado… es miedo escénico!!!!

  2. sempiterna says:

    No tenemos remedio Madita, y la escuela y las correcciones no ayudan, jajaja. Beso!!

  3. Ico says:

    Me levanto me tomo un café con tostadas y te leo.. . qué placer.. revivir esas sensaciones de infancia.. sobre todo el pan con matequilla los domingos en la mesa de la cocina..saludos

  4. María José says:

    A mí el pánico escénico me dura hasta que entro por la puerta de clase. Claro que las chuletas que no usaba de pequeña como alumna las uso ahora como profe. Tengo la manía de garabatearme cuatro cosas en el papelito más cutre que encuentro, para asegurarme de que no se me olvida nada. Creo que es más una especie de amuleto que una necesidad real. :)

  5. josephb macgregor says:

    Qué gozada para los sentidos leerte siempre!!!
    Eres pura sensibilidad, es decir: tienes una enorme capacidad para percibir la realidad con los cinco sentidos pero a la vez tus textos están vivos…respiran, sienten y laten…se rien y lloran.
    Besos
    josephb

  6. sempiterna says:

    Gracias Ico, un placer desayunar contigo. Me alegro de haberte recordado esas tostadas con mantequilla. Beso.

    Josephb, gracias por tus cariñosas palabras. Yo sólo trato de expresar todo lo que siento y pasa por mi mente. Gracias a ti por querer compartirlo conmigo. Beso.

  7. sempiterna says:

    María José, soy testigo de tus papelitos. A4 cortados en 8. Está claro que es un amuleto, como la pluma de dumbo para volar. No creo que ni lo mires una vez que lo lleves en el bolsillo. No te hace falta!!. Beso.

  8. Capitán Nadie says:

    Mi olfato tiene la manía de traer recuerdos a los límites de mi consciencia. A veces sólo puedo rozarlos antes de que vuelvan a deslizarse al olvido.Me hace pensar que mi mente es como un desván atestado de trastos. Pero en esos breves instantes en que unas imágenes revolotean ante mi, siento gratitud ante lo inconmensurable de la vida, y respiro profundamente… O es más bien un suspiro.