Sobresaltos de domingo

Esta mañana me desperté sobresaltada por un ruidito metálico. Recordé que había dejado la ventana de la cocina abierta. Rápidamente, mientas reunía el valor para levantarme, pensé en dos opciones.

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Semana Santa

En estas vacaciones de cuatro días he hecho muchas cosas. He vuelto a ver algunas cofradías –hacía un par de años que no–, he visto pelis, he leído, he cocinado nuevos platos, he hecho decoupage por primera vez, he desayunado bastante jamón, he comido pestiños y torrijas como si no hubiera un mañana y he descubierto algunas cosas.

Las historias basadas en hechos reales no suelen ser buenas películas, la tienda de aquí abajo tiene jamón cocido del bueno para pizzas caseras, por más capas de servilletas con agua-cola que pones, en el decoupage siempre aparecen las caras de Bélmez cuando seca, y la Semana Santa ahora se ve así.

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Caída libre

Marcos se agarra fuertemente a los brazos del asiento. Ana lo mira de reojo. Piensa que no ha podido encontrar a un hombre más cobarde en la vida. Como aquella vez que se metió debajo de la cama porque lo despertó un terremoto. De escala 2. O como aquella vez que pensaba que alguien les perseguía en una calle turística de Praga. Y era un chico que corríapara no perder el autobús nocturno.

La atracción se pone en marcha. Marcos mira a Ana, justo antes de cerrar los ojos. Piensa que menos mal que no tiene miedo y le pide que se suelte del asiento para abrazarla. No se soltaría por nada del mundo. Como cada vez que va a despegar un avión.

Se escuchan leves crujidos, casi inaudibles para Ana, preocupantes para Marcos. Algunos engranajes chirrían y la fila de asientos se empieza a mover. Muy despacio. Tramo horizontal.

*

Ana  mira a Marcos. Lo ve con los ojos cerrados, con el cuerpo encogido y tenso, moviéndose hacia los lados con el ligero traqueteo. Tiene una mueca muy rara y se disgusta de nuevo por ese bigote que se ha empeñado en dejarse. Piensa que parece sacado de otro siglo. O de una película. Hace tiempo que no le pide opinión. Y, aunque ella se la da, no le interesa. Y si puede, hace justamente lo contrario.

*

Marcos entreabre los ojos para mirar que efectivamente, han empezado a subir uno de los tramos inclinados. Y como bien sabe, se acerca el loop, y luego, la caída libre. Mira a Ana, intenta sonreírle a pesar de la rigidez del viento en la cara. Espera que valore el esfuerzo que hace por ella, por las cosas que le hacen ilusión. No puede evitar volver a mirar al frente y cerrar los ojos. Se agarra más fuerte. Se le acelera el corazón.

*

Ana piensa que no puede seguir así. Se agarra al asiento ahora que está boca abajo, y se lamenta de haber rozado sin querer el brazo de Marcos. Ahora creerá que le ha hecho una caricia, o que quiere que la proteja. No, ya no. Ya no puede más. Se le acelera el corazón.

*

Marcos siente el pequeño alivio de terminar el loop, pero se empuja contra el respaldo porque sabe que llega la caída libre. Parece que Ana le ha agradecido que suban con ese gesto. Parece que lo pasa bien. Piensa que quizás sea un buen momento para cambiar algunas cosas, para empezar de cero. No siente que estén muy unidos últimamente.

*

Ana se arma de valor y acerca su cabeza a la de Marcos.

*

Marcos, sin abrir los ojos, nota el acercamiento. Piensa que qué demonios, que es un  buen momento y se acerca también para hablarle.

*

Con el corazón en la boca, a cien kilómetros por hora, las cosquillas ingrávidas en el estómago y un peso enorme en la cabeza, Ana le dice “Lo vamos a dejar”, al tiempo que Marcos grita sumido en una excitación nerviosa y de pánico “Te quiero”.

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